sábado, 31 de diciembre de 2016

FELIZ 2017



AMANECER
Sólo quedan unas horas para el nuevo año
y quiero perderme en los surcos
que astillan el sol cada madrugada.
Un año más para vivirlo a tu lado,
contigo -sin hacerte ni quererte mío-,
admirando tu vuelo al amanecer
y celebrando que regreses al caer la tarde.
Fundirnos en el abrazo de unas miradas que se buscan
para sentir que el olvido aún, no remite cartas.
Quiero un año nuevo donde las lágrimas,
sean vertidas por el puro placer de llenar el mar.
Ése mar contra el que a veces,
construimos presas que no derramen ni una gota
-de desquiciado llanto-,
y ahoga esos nudos que golpean los ojos rabiosamente
mientras se ajustan desgarrando la garganta.
Hoy, en este año que amanecerá otro,
quiero perderme entre tu pelo
y soñar que tus abrazos me amanezcan.
©Mascab (31-Dic-2014)

miércoles, 28 de diciembre de 2016

VA POR TÍ


Resultado de imagen de balanza del yin y el yang

Finalizamos un año más y debemos hacer balance. Estudiar bien aquello que hicimos durante los últimos 365 día pasados y analizar el dónde y el cuándo nos equivocamos y qué hicimos para superar los baches. 

Hay que traspasar la línea con soltura y alegría, con ánimo y fuerza. Y para ello, debemos sentir que nuestra balanza ha quedado en equilibrio: igualitariamente lo positivo y lo negativo. El ying y el yang, porque no hay bien sin mal ni vida sin muerte. Y  porque debemos saber estar en equilibrio permanente para seguir avanzando.

En estos últimos días del año, debemos reflexionar qué debemos seguir llevando en nuestro equipaje para el 2017 y qué es lo que debemos dejar atrás porque es un lastre pesado que nada aporta.

Si. Debemos empezar el año en positivo, para que lo bueno pese en abundancia a final de año y así, compensar lo negativo que nos vaya sucediendo.

Sin embargo, este año que finaliza no puedo cerrarlo con la balanza equilibrada. Las cosas buenas que me han sucedido han sido muchas y de grandes éxitos. Pero todas ellas juntas, no consiguen ascender el plato de aquellas otras cosas malas que, aunque muy pocas, pesan mucho más que la buenas en mi balanza.


Pese a ello, intento empezar el 2017 con la ventana abierta a la Esperanza de que los nuevos proyectos poéticos solidarios que están pre-dibujándose en el horizonte, ayuden a mitigar el dolor que me habita al comprobar que soy la segunda al mando en la mesa de Navidad, porque la comandante y jefa, mi primera madre, aquella que me crió durante mi infancia y que me cuidó tanto en mi adolescencia, aquella madre que más me quiso, se quedará para siempre en este 2016 que finaliza. Y este hecho por sí solo, ha pesado más que todo lo bueno que me aportó el año que se va, quizás con el fin, de hacerme entender que nada suple a una abuela como lo fue la mía.

Al peso de su partida, se suma el peso de los meses que estuve dedicando a promocionar un libro en lugar de haber estado sentada a su vera. Lo único que me sosiega un poco este dolor, es el seguir oyendo su voz diciéndome: Ve! Ve! tienes que ir y demostrarles a todos que tú vales mucho, nena.

Este 2016 que finaliza, ha sido posible solo por tí: Natividad Muñoz-Frutos. Espero que el 2017 me ayude a seguir creciendo para que tú, desde donde estés, sigas sintiéndote orgullosa de esta simple mujer.





lunes, 26 de diciembre de 2016

2016 / de David Bowie a Goorge Michael


Mi homenaje a dos músicos y artistas de los más grandes del siglo XX. Ellosnos han acompañaron para ser la banda musical de muchos momentos de nuestras vidas.

Ambos nos han dejado en este 2016. Pero su música, su voz, sus mensajes, sus formas de interpretar la vida, nos seguirán acompañando mientras el último de nosotros siga vivo. Incluso más allá de nosotros mismos si seguimos dando a conocer a generaciones futuras, sus fantásticos trabajos.

Para ellos, mi hasta luego. Mientras llegan sus nuevas creaciones, seguiré escuchando su música, sus voces y viendo sus vídeos de por vida.

DAVID BOWIE

HÉROES


GEORGE MICHAEL

LAST CHRISTMAS



viernes, 23 de diciembre de 2016

FELICES FIESTAS



Para  todos mis familiares y amigos, a los que  me acompañan en el camino de nuestros día a día y a los virtuales que me acompañan a través del cristal. 

A todas y a todos: FELIZ NAVIDAD. 

Tratemos de que el espíritu que alberga los mejores deseos, entre en nuestras casas y de cabida a la ESPERANZA. 
Porque solo con la esperanza de que seremos capaces de conseguir un Mundo Mejor, podremos continuar siendo solidarios con el resto de los humanos y de nuestro propio Planeta. 

En estos días como en el resto de los días del año: no nos olvidemos de quienes más necesitan PAZ.

sábado, 17 de diciembre de 2016

LA NUEVA ADOLESCENCIA




Este blog, hace dos meses que cumplió 6 años. No se si es mucho o poco tiempo para un blog, pero aquí está él y aquí estoy yo, en el intento de seguir alimentándole si no diariamente, como la principio de su vida, al menos sí, una vez por semana. Quizás, porque ya no es un niño recién nacido ni necesita tanto para crecer. Quizás, porque según avanzamos en los años, yo misma me hago más crítica y menos atrevida a la hora de publicar mis opiniones sobre cualquier cosa, a través de esta ventana. Y por eso mis últimos post son para informar de algunos eventos, publicar algunos de mis textos y dar a conocer a otras autoras y autores a las/los que voy conociendo en sus trayectorias literarias y personales.

Sin embargo hoy, me ha llegado un artículo que me recordó el inicio de este blog y la introducción que para él prepararé llegando a ser la cabecera de este espacio durante años, hasta que, con todo los honores,  la atesoré en el lateral derecho como la auténtica portada insignia de "La rebeldía de una cincuentañera". Por aquél entonces, para mí, la nueva década en la que estaba entrando, era todo un paradigma similar a la adolescencia. Así lo veía, por esas crisis que en épocas de mis padres, decían "de los cuarenta" y que a mí me parecían como un cambio vital tan importante, como el que estaban viviendo por entonces mis propias hijas adolescentes. 

Comencé a asemejar mis inquietudes y miedos con los de ellas. También mis ímpetus sin medir los riesgos. Ví que en mí nacían ganas de vivir todo rápidamente, como ellas querían tener inmediatamente aquello que deseaban. Sabía que la adolescencia tiene la función biológica y social del aprendizaje y eso mismo era lo que yo sentía que me estaba pasando a mí misma.

Mi cuerpo cambiaba a la vez que el de mis hijas: ellas comenzaban a sentirse mujer y las hormonas les bullían mientras las mías... andaban revueltas por el cambio inverso. Ellas deseaban explorar cada senda con la curiosidad y la ilusión por el descubrimiento y yo estaba de regreso de todas sus idas...Ellas necesitaban retos, y yo, recorrer nuevos caminos y divisar nuevas metas. ¿No era todo muy semejante? Ellas y yo, sentíamos a la vez, que debíamos ir a por lo que queríamos: ahora o nunca.

Indudablemente, yo sabía que para ellas aún quedaban muchos "ahoras" para aprovechar. Pero...¿Y a mí? ¿Cuántos "ahoras" me quedaban? No me entretuve en pensarlo. Me puse en marcha.

Por ésto, el artículo al que hago referencia, viene a decirnos ahora, casi diez años después de mi reflexión, que las mujeres (y también los hombres, pero permitidme hablar en femenino por esta vez), que nacimos en  las décadas de los años 50 y 60 del siglo pasado, comenzamos a ser motivo de estudio bajo el título de "La nueva adolescencia".

No sé de dónde ha salido el artículo. Su redacción no es muy buena, me llegó como nos llegan muchas cosas: por whatsap. He querido compartirlo por la esencia de su reflexión sobre las personas que nacimos durante las dos décadas de mayor desarrollo socio-económico del siglo XX.

El artículo dice así:


LA NUEVA ADOLESCENCIA

SI miramos con cuidado podemos detectar la aparición de una franja social que antes no existía: la gente que hoy tiene entre cincuenta y sesenta años: A este grupo pertenecen una generación que ha echado fuera del idioma la palabra "envejecer", porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales la posibilidad de hacerlo.


Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición en su momento, de la "adolescencia", que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del S. XX para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos "creciditos", que no sabían hasta entonces dónde meterse, ni cómo vestirse. 

Este nuevo grupo humano que hoy se encuentran entre los cincuenta y los setenta años, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria. Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura latinoamericana les dio durante décadas al concepto del trabajo. Lejos de las tristes oficinas, muchos de ellos buscaron y encontraron hace mucho, la actividad que más le gustaba y algunos, se ganan la vida con ello.  Debe ser por esto que se sienten plenos. algunos ni sueñan con jubilarse y los que ya se han jubilado, disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temores a la soledad. Son personas que crecen desde adentro. Disfrutan el ocio, porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos, bien vale mirar el mar con la mente vacía o ver volar una paloma desde su apartamento del 5º piso. 

Dentro de ese universo de personas saludables, curiosas y activas, las mujeres tienen un papel brillante. Ellas atesoran décadas de experiencia en la lucha por hacer su voluntad, cuando sus madres habían sido educadas para obedecer y ahora, pueden ocupar lugares en la sociedad que sus madres ni habrían soñado en ocupar.




En este grupo de mujeres, las hay que decidieron vivir solas, muchas estudiaron carreras que siempre habían sido exclusivamente masculinas, algunas estudiaron una carrera universitaria junto con la de sus hijos, otras eligieron tener hijos a temprana edad, fueron periodistas, atletas o crearon su propio "YO, S.A."Este tipo de mujeres nacidas en los 50 o 60, no son ni por equivocación las clásicas "suegras" que quieren que las hijas/os les estén llamando todos los días, porque ellas tienen su propia vida y ya no viven a través de la vida de los hijos. Su camino no ha sido fácil y todavía lo van diseñando cotidianamente.

Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo: que no son personas detenidas en el tiempo; la gente entre los "cincuenta y setenta", hombres y mujeres, maneja el ordenador como si lo hubieran hecho toda la vida. Se escriben, y se ven con los hijos que están lejos a través de programas online y hasta se olvidan del viejo teléfono para contactar con las personas que se relacionan en cualquier ámbito, a quienes escriben largos e-mail con sus ideas y vivencias y/o saludan por whatsap según el tipo de relación.

Por lo general, están satisfechos de su estado civil y si no lo están, no se conforman y procuran cambiarlo. Raramente se deshacen en un llanto sentimental. A diferencia de los jóvenes; los cincualescentes/sexalescentes, conocen y ponderan todos los riesgos. Nadie se pone a llorar cuando pierde: sólo reflexiona, toma nota, a lo sumo y ... a otra cosa.




Las personas de esta edad, comparten la devoción por la juventud y sus formas superlativas, casi insolentes de belleza, pero no se sienten en retirada. Compiten de otra forma, cultivan su propio estilo.

Ellos, los varones no envidian la apariencia de jóvenes astros del deporte, o de los que lucen un traje Armani ni ellas, las mujeres, sueñan con tener la figura tuneada de una vedette. En lugar de eso, saben de la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente o de una sonrisa iluminada por la experiencia.


Las personas de 50 a 70, está estrenando una edad que todavía NO TIENE NOMBRE. Antes, los de esta edad eran viejos, hoy ya no lo son. Hoy están plenos física e intelectualmente, recuerdan la juventud, pero sin nostalgias, porque la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellas/ellos lo saben. Por esto, celebran el Sol cada mañana y sonríen para sí mismas muy a menudo. Hacen planes con su propia vida, no con las de los demás. 



Quizás por alguna razón secreta que aún no sabemos y, que sí sabrán las generaciones siguientes: en las próximas décadas del siglo XXI.


domingo, 11 de diciembre de 2016

TORO NEGRO CON LUZ DEL SOL

Sentada en una simple silla de estudio, puso las manos sobre sus muslos para relajarse e intentar vaciar su mente de toxinas.

Comenzó a pensar que su cuerpo se fusionaba con la silla formando una única masa con el modelaje de las estatuas de los faraones egipcios. 
Se sintió escultura fría como el bronce y visualizó el molde negro en el que se había convertido. No entendía el color, pero éso no era lo importante.

Comenzó a explorar su interior. A escuchar a sus órganos vitales cesando de su trabajo y amoldándose también, a una única forma que poco a poco dejaba ver que era una especie de pájaro. Negro. También negro. Con un pequeño pico naranja. Un mirlo recogía su esencia y ella se supo ave. Rovoloteó entre el espacio hueco del interior de la estatua, reconociendo su cuerpo sobre la silla. Desde los píes hasta la cabeza, una y otra vez.

En un instante,  observó la rendija que se había abierto entre los labios de la escultura y asomándose por ella, consiguió salir al exterior. Practicó su primer vuelo en un espacio más amplio y recorrió las cuatro esquinas de la mesa. Al ver el amplio ventanal, atravesó el cristal sin peligro y disfrutó del verde paisaje primaveral. Necesitó volar alto, alto, muy alto. Sin límite de espacio. Subió hacia el azul y atravesó unas densas nubes. Sus plumas, sacudían la humedad a cada aleteo y aún siendo pájaro, sintió flotar entre las nubes como si en lugar de volar, buceara. Buceara arriba y abajo en el inmenso mar de algodón.

De nuevo atravesó las nubes y vislumbró el paisaje allá abajo. Aprovechando su vista de pájaro distante del suelo, observó la primavera en la campiña y en el horizonte, una ciudad. Voló hacia ella hasta reconocer a Madrid. Su ciudad. Miró con sus ojos de mirlo, la visión de las cuatro torres desde arriba, la Castellana como siempre, llena de coches que iban y volvían. La Puerta de Alcalá mirando al Retiro y allí, vió a un gato entre las ramas de un árbol marrón, casi rojo. Sobrevolando a miles de metros sobre la Gran Vía, también vió como las ratas circulaban bajo su asfalto y unas cucarachas trepaban por una alcantarilla hacia la luz.

Necesitó salir de esa visión, y volvió a subir y a subir atravesando las nubes una vez más. Dejándose sostener por el oleaje de algodón con sus alas extendidas. Descansó. Cerró los ojos y sintió en el pico de sus alas la necesidad de seguir volando y sentir el aire peinar sus plumas. Así, volvió a ver la ciudad desde los Jardines del Moro y al fondo la Casa de Campo con sus verdes y su fauna entre animal y humana. Viró hacia el norte y divisó las montañas que aún, conservaban nieve en sus cimas. Dirigió su vuelo hacia la Sierra con la vista puesta en el bosque hasta que llegó a él y vislumbrando una senda, se posó sintiendo de nuevo sus pies en el suelo. Mirando hacia arriba, vió que el mirlo se despedía de ella, y ella, comenzó a caminar la senda hacia la cima de la montaña.

En el camino, encontró un pequeño torrente del deshielo, manando de la pared del monte. Sintió mucha sed y bebió del agua, pero antes, llenó sus manos y se lavó la cara. Notó el frío del hielo líquido y olió su aroma a tierra y verdes puros. Mantuvo un instante la humedad de sus frios dedos sobre los ojos. Sosegando sus párpados cansados. Al separar los dedos y abrir los ojos, una neblina cubría el ambiente y a lo lejos, un animal grande se acercaba, un toro de lidia negro como la noche.

Intentó negar la visión. Rechazar a aquél animal que reconociendo como el símbolo de su horóscopo, creyó fruto de su autosugestión. Pero el animal continuaba acercándose. Haciéndose más real con la aproximación. Tranquilo, con la nobleza de su porte. Con las patas bien pegadas a la tierra, el animal se acercaba. Ella no sintió miedo y al tenerle frente a ella, le abrió las manos ofreciéndole el alimento que le había nacido en sus palmas.

El toro se acercó un poco más y olió el pasto fresco que se le ofrecía y mientras comía, iba lamiendo con su lengua las palmas de las manos que le alimentaban y que no cesaban de llenarse de hierba. Ella notaba la rugosidad de aquella lengua. Su sequedad al arrastrarse sobre la piel de sus manos, mientras animal y mujer, se miraban a los ojos. Ambos, supieron quienes eran al mirarse. Se reconocieron. El toro transmitió cariño en su mirada y ella sintió algo parecido a la felicidad.

El toro la guió a una planta extraña, desconocida. Frondosa y atrayente, donde ella quiso sentarse a descansar mientras el toro le posaba en la mano izquierda una semilla. Supo que debía encerrarla en su puño y no perderla. No había visto lo que era,  en su mano solo notaba la forma de un hueso de melocotón. Sin perder de vista a su nuevo amigo, sintió el abrigo de una última mirada y comprendió que era una despedida. El toro negro, con su porte de lidia, se alejaba por el sendero que se iba cubriendo de helechos, a la vez que la extraña planta encogía y encogía con ella dentro.

Encogió tanto, que la bajó de ése espacio paralelo y superior, al que ella había llegado, hasta posarla en el suelo terrenal y conocido. Levantó la vista y observó al mirlo que regresaba y la llamaba para que de nuevo le habitara. Así lo hizo y siendo pájaro, regresó a su molde para entrar en él por la misma rendija que había escapado.

Un par de vuelos en aquél interior hasta notar que el mirlo volvía a convertirse en corazón y venas, en hígado y entrañas, en esqueleto y músculos, en motor que inspiraba y expiraba hasta sentir de nuevoo la sangre recorrer sus venas, los dedos moverse sobre sus muslos, el pecho hincharse y abrir los párpados despacio, muy despacio, sintiendo antes de ver sus ojos, una emoción que la embargaba el ánimo y las ganas de llorar al sentir el vacío latiendo con cada pulso del corazón.

Recordó el regalo-semilla que el Toro le había ofrecido y que ella aún portaba en su puño izquierdo, cerrado con fuerza para no perderlo. Al abrir la mano, donde creía que iba a encontrar el hueso de melocotón, halló una palabra. Una palabra-semilla. Que ella supo que debía plantar cerca. Muy cerca. Donde siempre viera cómo germinaba y crecía.

En soledad, esta mañana salió a su balcón. Se arrodilló ante la jardinera de azaleas y olivo. Removió la tierra hasta cavar un pequeño hoyo donde depositó su semilla para cubrirla de tierra. Hincó los dedos para que el aire entrara hasta la semilla e impregnar a la vez,  sus uñas de aquél abono, que ya guardaba el aroma de la palabra-semilla y que ella se acercó al pecho.

Una lágrima nació en sus ojos para regar la tierra.




Ahora, en la jardinera de su balcón, tiene plantadas unas azaleas que en primavera florecen de púrpura. Un pequeño olivo, del que cosecha un par de aceitunas cada año. Y una nueva palabra-semilla que gracias a sus cuidados, germinará pronto y de ella lucirá una codiciada flor, de nombre: SOSIEGO.




Asunción Caballero

sábado, 3 de diciembre de 2016

ANA BENEGAS HADDAD: LA PLURALIDAD DEL ARTE

Ana Benegas Haddad
De Ana Benegas Haddad puedo comenzar diciendo que es una mujer que ha bebido de distintas culturas y que quizás, esta interculturalidad suya, hayan hecho de ella una artista tan plural como el conjunto de su obra artística. Donde da rienda suelta a ésa diversidad que mantiene en todas las facetas de su vida.
Podemos decir que Ana es española de Donosti, y no mentiríamos. Podríamos decir que es venezolana sin contradecir lo primero. Podríamos decir que es árabe, y también estaríamos diciendo la verdad. Porque Ana lleva en sus venas una cartografía árabe-hispano-americana que dan significado a su carácter y timbran su obra.
Podemos también decir, que ha desarrollado su profesión como comisaria de arte y periodista, y que actualmente, tiene abierto un despacho donde ejerce como psicóloga clínica. Y todo ello, sería verdad.
Quizás entre las distintas profesiones que ha ejercido y ésa mezcla de culturas en su sangre, sea donde podemos hallar la fuente de la vertiente artística de su obra.
Ana Benegas Haddad, tuvo en su infancia un primer contacto con el arte a través de la música “que envolvía su alma”, según palabras propias. Y como letrista e intérprete recogió varios premios en su adolescencia.
Más tarde, ya en Burdeos, donde estudió la parte clínica de su carrera, Ana tuvo la necesidad de buscar nuevas procedimientos para expresarse. Y de este modo, entre la investigación y el silencio, comenzó a experimentar con las formas, las texturas y  el espacio.
Estamos por tanto, ante una artista aventurera que no se conformó con un solo camino marcado, sino que necesitó explorar todas las sendas del arte hasta ser consciente de su impulso creador. Según nos dice, “cada aspecto del arte va llevando al otro, inspirando al otro. Como en el límite del sonido está el silencio, en el límite de la materia está la no-forma.” En Ana, el arte, es algo intrínseco que nace de ella y busca las vías que mejor la definen para cada expresión: Unas veces con sus poemas, otras con su escultura y otras con su voz, Ana va creando un arte tan plural como magnífico.
Gracias a esta pluralidad suya, conocí a Ana en un recital poético al que nos invitó a participar nuestro amigo común el poeta Fernando Sabido. Allí, desde un primer momento, Ana y yo sentimos la necesidad de hacer algo juntas. De reencontrarnos y apoyarnos.
Un tiempo después, cuando comencé a organizar el I Encuentro Internacional MPI-Madrid, la contacté para pedirle que participara como poeta y cantautora, y en esa conversación, hablamos de arte plástico, de mi idea de montar una exposición para el Grito de Mujer de ese año. Una muestra intercultural donde dar cabida a múltiples vertientes y diversos artistas, integrando la diversidad funcional y los jóvenes valores. Ahí es cuando conocí no solo a la Benegas escultora, sino a la Ana Benegas comisaria de Arte.
Me acompañó a la galería donde íbamos a montar la exposición del encuentro de Mujeres Poetas Internacional, y en un instante, me hizo ver cómo quedarían aquellas paredes unos meses después. Qué iría en este rincón o en aquél otro, Dónde pondríamos la diversidad funcional y dónde los jóvenes valores…Ahí, aprendí de ella y con ella, a gestionar una exposición artística.
Pese a que había visto sus esculturas en fotografías y a que sabía qué era lo que iba a exponer de su obra en aquella muestra, el día que montamos la exposición, regresé a casa colmada de sensaciones y nuevos sentimientos, que a veces, se encontraban entresí: Ana era una diosa.
"En lo eterno" A. Benegas Haddad
Sentada desde su trono, dirigía a todo el personal que estábamos en la sala y he de decir, que llegó a estresarnos un poco con sus directrices. Por otro lado, era una diosa creativa. Su obra escultórica atraía a mis emociones. Necesité tocarla con mis manos y al hacerlo, sentí la sensibilidad que recorre las venas de esta artista polifacética.
Quizás por mi alma de poeta, no necesito ser experta en arte para sentir el arte. Para llegar a vivir un poquito de ésa sensibilidad colectiva que nos llena de energía a las poetas. No entiendo de técnicas, aunque  en mi trayectoria creadora además de trabajar la palabra,  he flirteado  levemente con la pintura en la decoración, y quizá por todo esto, sé del vínculo que llega a existir entre la propia forma, el silencio y el artista. Y capto parte de ésa sensibilidad que embarga al autor cuando está creando.
En aquella exposición intercultural, otras autoras también me transmitieron sensibilidad e imágenes poéticas con sus obras. Pero las piezas escultóricas de Ana, hipnotizaron mis sentidos. Aunque mis ojos se quedaran sin visión, podría captar la sensibilidad y los sonidos del silencio que habitan el alma de esta múltiple artista que hoy disfrutamos.
Para mí, como embajadora del MPI en Madrid, como mujer que busca a otras mujeres con las que interconectar sensibilidad y arte. Que necesito de las voces artísticas de otras mujeres, para a través de sus obras dar voz a aquellas mujeres del mundo que no tienen cómo expresarse, que no saben cómo huir de su rutina de esclavas sexuales, que no pueden hacer oír sus reivindicaciones ni sus derechos, que existen enmudecidas por las leyes que las ningunean y maltratan, para todas estas mujeres, necesitaba y sigo necesitando mujeres con voz. Mujeres que puedan denunciar los abusos que sufren nuestras congéneres.
Mascab-A.Benegas-Arabia Moursia
Y entre estas mujeres con voz, un día, encontré a Ana Benegas Haddad y Ana supo DAR un gran GRITO DE MUJER en el I Encuentro Internacional MPI-Madrid. Porque Ana Benegas Haddad, como todas las grandes expresionistas de la sensibilidad, es un alma noble y solidaria,  es una MUJER comprometida con su sociedad y con la globalidad de este mundo intercultural que intentamos hermanar a través del arte. Utilizando el arte como denuncia, difundiendo el arte como arma consecutoria de la armonía.
Y pocos como Ana Benegas Haddad, para transmitir sensibilidad con la belleza de sus cuatro vertientes como artista: la música, la palabra, la escultura… la humanidad que la habitan.
 


Mascab-Asunción Caballero
Madrid, 2 de Diciembre de 2016

Nota.- Ante la presentación de Ana Benegas Haddad en la prestigiosa Galería de Arte Atalante, en Madrid, me solicitaron que hiciera una breve presentación de su persona y de su obra. Y como amiga de la autora y admiradora del arte que navega por sus venas: este texto fue el resultado.