domingo, 16 de septiembre de 2012

JUGADAS DE LA MENTE

Llevaba bastante tiempo solo. Demasiado. Había sido una situación buscada. Deseada. Necesitaba sentirse dueño de su vida y de su tiempo.

Echó a andar un día. No era ni el más violento ni el más tranquilo. Era un día normal. Se levantó como cada mañana durante los últimos cuatro años, sin mucho ánimo para iniciar la jornada. Quizá por aquellas primeras casi dos horas del día en las que interactuaba con su familia. Tan estresantes. Los desayunos, los preparativos para el trabajo y el colegio de sus hijas, el aparcamiento en doble fila a la puerta del centro escolar, el atasco automovilístico de entrada a la gran ciudad...
 
Eran horas de alteración doméstica. Los gritos de su esposa preparando a las niñas, sus represalias para con él, que no estaba nunca en casa cuando más se le necesitaba y que por lo tanto, no tenía derecho a quejarse sobre cómo llevaba ella el orden familiar. Las peleas de sus hijas por tener que compartir el baño, las...

Llegaba a la oficina cargado de estres. Necesitaba tomar un café en solitario, frente a la máquina del pasillo, saltando sin desprender los píes de sus puntillas. Con la mano en el bolsillo izquierdo y en la otra, el vaso de papel caliente y humeante. Solía dejar su mente en blanco. Saborear el instante como saboreaba el café, permitiendo que el aroma envolviera toda su mente, borrando de ella cualquier otra cosa que no fuera ése primer café fuera de su ruidoso núcleo familiar.
 

Había deseado demasiadas veces que todo a su alrededor desapareciera. Quedarse en la nada. Flotándo, moviendo sus brazos como flácidos cordones elásticos. Indolente por completo a cualquier vida anterior.

A media tarde, en los instantes en que el tic-tac del reloj, colgado en la pared de su despacho compartido movía su minutero un segundo más, el teléfono sonó tenazmente sobre su la mesa de trabajo. Dudó cogerlo para contestar. Ya era casi su hora de finalizar la jornada. Apenas unos minutos quedaban para cerrar el día de trabajo y poder por fín, tomarse una cerveza y charlar desenfadadamente con los amigos antes de regresar de nuevo a su casa. A las ruidosas rutinas, las acaloradas discusiones...
 

Pero el teléfono insistente no dejaba de sonar. Contestó con desánimo un "digame" lento, suspiroso. Y aquello que le dijeron resonó en sus oídos instalándose como un persistente eco en su mente.

Dejó caer el auricular sobre la mesa. Allí quedó balanceánte y olvidado. Su cuerpo se pegó a la silla de trabajo y su corazón comenzó a galopar. Aflojó el nudo de su corbata y sonámbulo, comenzó a caminar. Sin rumbo, sin dirección. Sólo caminar.

Caminó durante semanas. Su barba creció, sus ojos se hundieron. La gente, al verlo pasar se retiraban de su lado como si de un indigente se tratara. Pero ¿acaso no lo era?. Inconsciente de ello, en eso se había convertido. Un indigente, un vagabundo. Se discriminó el solito. Huyó de la sociedad. Se escondió de su vida allá, donde nadie preguntaría jamás. Donde a nadie le interesaría su nombre, ni siquiera su condición.

Se alejó de todo. Abandonó su vida. Simplemente caminaba sin pensar. Olvidándose de quién era y a quién amaba. Solo. Sin amigos. Sin familia...Sin recuerdos.

Sin embargo, ayer recordó. Un rayo fulminante iluminó su cerebro con destellos de recuerdos. Las imágenes saltaban como chispas eléctricas de una a otra de sus neuronas...Un teléfono que sonaba. Una discusión con niñas y una joven y atractiva mujer. Un nudo de corbata que se desanudaba. Un humeante café de aroma intenso. Una voz que hablaba de un suceso, algo que no podía recordar al completo. Era sobre un accidente, una tragedia que sesgó vidas...y nada más. Sus recuerdos no le mostraba más imágnes.

Hoy, sentado en un banco de aquél parque, en lo alto del mirador, desde donde divisaba un desnivel con más de cincuenta metros, que evitaba las caídas protegiendo a los viandantes con una barandilla de forjada en hierro; las imágenes regresaron y con ellas una emoción: la culpabilidad. Se sentía culpable sin saber bien por qué ni de qué. CULPABLE! gritaba su mente. A las imágenes de un suceso trágico, su mente les añadió voz. Metálica, impersonal. Deseaba confirmar un nombre masculino que le resultaba vagamente familiar: el suyo. Se escuchó responder afirmativamente, con una voz potente, cargada de prisas que no entendía.
Aquella voz que transfería el auricular le comunicaba un accidente sufrido por su familia, del que ningun miembro había podido escapar. Y las imágenes de sus hijas y esposa aparecieron de nuevo en su obtusa mente, a la vez que el sentimiento de culpabilidad y el dolor en su corazón.

Él había soñado algo así. Él había intentado imaginar la vida mucho más tranquila sin ellas...
 

Llevaba mucho tiempo sin recordar. Pero hoy por fín los recuerdos volvieron a su mente. Y sin pensarlo más, se puso a caminar.

De frente, hacia el horizonte. Llegó rápido a la barandilla del mirador, desde allí, dejó caer su cuerpo deseando volar...


Pinturas de VICENT VAN GOGH

10 comentarios:

  1. Una historia triste y conmovedora...fue muriendo lentamente por sentirse culpable de la tragedia de su familia...

    Hay que valorar lo que tenemos hoy porque no sabemos lo que pasara mañana...feliz semana, un beso.

    PD..las pinturas que acompañan tu historia son lindas...te felicito

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  2. Impactante y desgarradora Historia, Mascab.
    Magnífico Relato.
    El Ritmo de esta Vida que no nos deja saborear, con la intensidad que se merece, el Presente que respiramos...Después puede ser demasiado Tarde.
    Un abrazo.

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  3. ¡Hola amiga! una historia que leí con avidez, sinceramente es un relato para concurso, hoy sobraban las imágenes aunque el protagonista tiene mucho de Van Gogh (su vida le parece frustante y también se suicida) pero a través de tus palabras somos capaces de ver al personaje.
    ¡Buenísimo!!! Un abrazo grandote

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  4. Una gran historia, una fantasía trágica, el miedo a que nuestros más oscuros sueños cobren vida, la huida antes de pagar el precio, el pánico, la derrota, me ha encantado.

    Besos

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  5. Dura historia la que nos narras. Deseó la soledad física y mental y le fue concedida sin tapujos, con toda la crudeza y frialdad de la soledad eterna.
    Me ha gustado mucho.+
    Un abrazo.

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  6. ¡¡ Jamás valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos !! tan cierto, como terrible y real tu historia, cielo.

    La parte dura de nuestras vidas, esa rutina, esa pelea diaria con la vida, ese correr y correr constante nos hace olvidar todo lo maravilloso que encierra eso de lo que en tantísimas ocasiones desearíamos huir.

    Desgraciadamente, no se puede huir de nosotros mismos, ni siquiera saltando al vacío como decide hacer al final tu protagonista, mi querida MASC... el vacío, no existe... solo es una sensación, que solo nosotros mismos podemos hacer desaparecer agarrándonos a todo aquello en lo que creemos, todo aquello que amamos, todo aquello que nos llena... por si un día la vida nos lo quita.


    Agárrate bieeen fuerte a todas las maravillosas personas que te rodean MASC, tú tienes grandísimas suerte, estás llena y además te rodeamos montón de personas que aun desde lejos, estamos a tu lado:-)



    Un beso inmeeeeeeeeeenos preciosa, muuuuuy feliiiiiiiiiiiz día... si tu quieres, lo será...¡¡que lo sea!!:-)


    Muaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaakss mi cielo.

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  7. Uf!!! Qué duro. A veces no apreciamos lo que tenemos y no sabemos valorarlo.

    Otro buen relato. Un beso

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  8. Por fin obtuvo la mayor soledad del mundo. No saber quien era.
    Esa noticia lo trastocó, hasta el punto de no reconocerse y cuando lo consiguió, decidió no vivir sin tener lo que tanto lo había huido.
    Gracias.
    Con ternura
    Sor.Cecilia

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  9. Se me ha puesto la piel de gallina, no quisiera imaginarme en una situación parecida, la soledad siempre me ha aterrado.
    En ocasiones, no nos damos cuenta de lo que tenemos, hasta que lo perdemos.
    Te dejo mis cariños en un fuerte abrazo.
    kasioles

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  10. Mascab,gracias por tus palabras,amiga,siempre me emocionan y me impulsan..
    Tu relato es escalofriante,es como llegar al abismo y sentir que vamos a caer de un momento a otro...He vivido con intensidad todo el drama de este hombre...Lo has llevado con temple,paso a paso,dejándonos ver imaginar lo sucedido,su pensamiento...la consciencia de ese momento,que ahora sencillamente le parte la vida.
    Mi felicitación y mi abrazo inmenso por tu cercanía y buen hacer amiga.
    FELIZ FIN DE SEMANA,MASCAB.
    M.Jesús

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