lunes, 11 de julio de 2011

LA SUSTITUCION (Segunda Parte)


Quede la constancia de que no tenía intención de continuar éste relato, pero como me lo habéis pedido con tanto empeño, aquí os dejo las aventuras de ésta joven que tan despacio me relata sus vivencias...y que no tengo ni idea de si algún día aparecerá de nuevo. Lo que si os pido es que cuando os aburra su historia me lo hagáis saber, para aislarla sin más...




El llamador no llegó a golpear la madera negra, en cuanto ella lo agarró y levantó, la puerta cedió.

Ante sus ojos se encontraba la figura de una mujer de edad indefinida que la miraba con ojos suspicaces y el semblante serio. Su indumentaria era tan adusta como la dueña, una bata de trabajo en color gris oscuro, casi negro, de manga larga abrochada en las muñecas con botones idénticos a la abotonadura en la delantera, desde el segundo botón del cuello camisero hasta unos cinco centímetros por arriba de la altura del largo, que alcanzaba el inicio de los músculos gemelares de las piernas, vestidas con medias opacas en el color de la carne muerta. Calzaba unos zapatos de cuña baja abotinados, en color negro que complementaba al cinturón que marcaba el talle de quien ya intuía sirvienta o talvez, ama de llaves de la casa. El cabello rubio entrecanoso, lucía recogido en la nuca en un cuidado moño italiano tipo años 50.

Sin cruzar el dintel, la joven pretendió una presentación:

-         Buenas tardes mi nombre…
-         Sé cual es su nombre y por qué está usted aquí. Acompáñeme…

La miró a los ojos aquella mujer, ofreciendo con su mano derecha la  entrada al hall mientras con la izquierda continuaba sujetando la puerta.

Al traspasar aquél umbral, se encontró en un amplio hall, de techo alto que alcanzaba hasta los pisos superiores de la casa y de donde colgaba una lámpara que bajada hasta unos tres metros del suelo que pisaban. Con una rápida mirada que englobó todo el espacio, percibió una doble puerta a su derecha, tras la entrada a la vivienda, otras dos que intuía independientes frente a ella, a la izquierda de la última, comenzaba un gran escalera en forma de espiral hasta el primer rellano, como queriendo encircular la estancia principal de la casa y donde se veía la primera de las terrazas de los pisos superiores que daban a  la estancia, y que la joven no quiso levantar su cabeza para seguir contando cuantos habría. A continuación de la escalera, otra puerta que al igual que las anteriores se encontraba cerrada y, a izquierda de donde aún estaba ella, una puerta más, simétrica a las primeras y en esta ocasión  abierta una de sus hojas. Entre las puertas de la izquierda  y su actual posición, un gran ventanal de unos tres metros de largo, que ahora, en noche de tormenta, las nubes negras del cielo poca  luz dejaban entrar por ella.



La mujer que la recibía, cerró la puerta tras ella y poniéndose de nuevo a su lado, interrumpió el estudio ocular que la recién llegada, dirigía a la que sería su nueva casa. Notó una mirada de descrédito cuando se volvió al oír la voz que le preguntaba:

-         ¿debo llamarla por su nombre de pila o por el de su progenitor?
-         Perdón, ¿cómo dice? – la pregunta inesperada la dejó sin palabras-.
-         Decía que ¿cómo desea la señorita que la llamemos?
-         Ah!, perdón, no la había entendido bien… Silvia. Creo que si me llaman por mi nombre de pila, me sentiré más perteneciente al entorno.
-         Eso no es usted quien debería decirlo, ¿no cree?  -le contestó
tendiendo una mano hacia la escalera de la casa para que dirigiera hasta allí sus pasos-.

Una vez más, las palabras de aquella mujer la desconcertaron. Pero agarrando más fuerte el asa de su maleta, siguió la figura que la precedía hacia la escalera enmoquetada de color ocre y se atrevió a decir:

-         Disculpe, ¿cómo debo llamarla a usted?, aún no me ha dicho quién es y cuál es su condición en ésta casa…
-         Como puede ver, si debo considerarla buena observadora, soy el ama de llaves, la recibo en nombre de nuestro señor, dueño de esta finca y pagador de nuestros sueldos siempre que realicemos bien nuestro trabajo…Yo lo hago. ¿Y usted, cree que podrá hacerlo? –contestó a  medias  su  pregunta mientras subían aquella
 escalera y llegaban al primer piso de la casa.

Silvia observó que sería una estancia clara a la luz del día, por el ventanal enfrentado a los últimos peldaños de la escalera, que descansaba en aquél piso para seguir subiendo tras unos metros de terraza sobre el hall. El ventanal sin cortinas, en aquél momento reflejaba la luz de una luna que jugaba al escondite tras los nubarrones de la tormenta, que de repente, sin avisar, dejó entrar la cegadora luz de un rayo antecedente de otro estruendoso tronar que consiguió hacerla estremecerse de nuevo.

-         ¿Le asustan las tormentas?  -oyó de nuevo hablar a su compañera-
-         En absoluto. De hecho me gustan. Pero estoy empapada y fría, con necesidad de un baño caliente y un cambio de ropa.

El ama de llaves continuó caminando mientras hablaban, dirigiéndose hacia el ala izquierda de la casa donde desde el inicio del gran rellano comenzaba un largo y ancho distribuidor con  puertas a su lado izquierdo y ventanas protegidas con visillos de organza en color crema, al derecho. Dejaron atrás dos puertas que Silvia aún no sabía que estancias serían, a continuación un gran acceso en forma de arco y sin puertas, dejaba ver una bella biblioteca oscurecida por la noche y que Silvia deseo fuera de día para poder contemplarla en todo su esplendor. Ahora solo vislumbraba su contorno por la ventana de la sala de forma circular, que enfrentada a la del distribuidor dejaba ver las sombras de los libros y estantes, una mesa redonda de madera oscura con cuatro sillones de apariencia cómodos alrededor.

A continuación de la biblioteca, el ama de llaves se detuvo ante una puerta que abrió con su mano derecha y, apartándose para dejar pasar a la joven, la dirigió una mirada severa mientras la hacía conocer:

-         Éstas serán sus dependencias. Entre por favor…

Silvia entró en aquella otra habitación si haber podido ver qué mas se podría encontrar si continuaba hacia delante por aquél distribuidor. Tras ella, la mujer que la guiaba, tocando un interruptor de la pared dio luz a la habitación de tamaño sobradamente grande donde la joven, se fijó en el enorme ventanal frente a ella, un diván y dos sillones orejeros con escabeles en color mostaza y grana a juego en tapicería con los cortinones que desde el techo colgaban para cubrir la ventana.
Cercana a la misma, dos sillas enfrentadas, estaban colocadas bajo una larga y estrecha mesa.

Al lado izquierdo una puerta que Silvia intuyó de acceso a la biblioteca, al lado de dicha puerta, en esquinazo al ventanal, una mesa de trabajo donde había folios, plumas, y un ordenador personal. Al lado izquierdo del acceso a la biblioteca, una estantería sin libros que al mirar la joven extrañada su compañera le aclaró:

-         La mandé vaciar, por si usted traía sus propios libros. Pero ya veo que no es así…
-         Se lo agradezco, no sabia que tendría este espacio. Los haré traer por mensajería. –Contestó haciendo vacío al eco de desagrado con
que la mujer le hablaba-.

Al lado derecho otro acceso abierto con arco superior, daba entrada al dormitorio que el ama de llaves iluminó a la mirada de asombro de la joven Silvia. Quien accediendo a él, por fin soltó su maleta con suavidad encima de una larga jamuga, situada al lado izquierdo de la entrada al dormitorio, desde la puerta hasta otra estantería de nuevo vacía, situada en la pared izquierda donde el ventanal de ropajes recargados en colores granates y mostazas, hacían juego con las ropas que cubrían la inmensa cama de dos metros que frente a la puerta, y entre dos grandes mesas de noche, estaba situada reinando la habitación. Sobre la cama, en el techo, una lámpara de cristales de Murano en colores alegres, discrepando con los tapices, llenaba de tenue luz el que era ya, porque así lo sentía, su dormitorio. Sobre el cabecero de forja y madera tallada en forma de animales felinos, un espejo tan ancho como la cama, inclinado hacia quien en él se miraba una vez tumbado en la cómoda y espacioso lecho, enmarcado en maderas talladas con los mismos animales que en las esquinas del cabecero lucían con miradas aterradas.

En la pared derecha, dos puertas cerradas, una de ellas la más próxima a la pared de la entrada, con ventanas de dobles cristales entre los que se encontraban unos  visillos opacos que no dejaban ver su interior y,  que al ser abierta por el ama de llaves, dejó a la vista un closet de dimensiones acordes a toda la casa, con paneles alrededor para ordenar el calzado, cajas, maletas, bolsos, etc, que el usuario necesitara. En el centro dos armarios apoyados por las espaldas uno al otro, formando cuatro pasillos a sus costados donde Silvia podría ordenar sus ropas.

El ama de llaves, iba encendiendo las estancias mientras la joven se quedaba prendada en cada una de ellas. Aún estaba Silvia deleitándose con el closet cuando oyó la voz de su compañera tras ella. Al girarse, vio como la mujer mostraba con su mano hacia las dependencias que daban acceso la última puerta, situada en la misma pared que el closet donde ella aún estaba. Silvia volvió sobe sus pasos y cerró las puertas del ropero, dirigiendo su mirada hacia la habitación del baño que dejaba ver la puerta abierta por el ama de llaves e iluminada artificialmente, pues la gran ventana a su izquierda solo dejaba entrar la luz de  una noche cerrada. Bajo la ventana, una bañera de porcelana blanca con patas cromadas formando la figura erguida sobre sus patas traseras de un león que en sus espaldas cargaba con ella, invitaba al baño que Silvia tanto ansiaba.
Frente al acceso al cuarto de baño, un mueble bajo de dos puertas en madera de roble, incrustaba en su vientre su lavabo de doble seno con grifería conjuntadas con las patas y los grifos de la bañera. Sobre él, un espejo enmarcado en la misma madera que el mueble para asombro de Silvia, sin tallar. Mostrándose los marcos lisos y nuevos, como si hubiesen sido renovados recientemente.

Arrinconada al lado izquierdo de los lavabos, se encontraba una jamuga de forja con mullidos cojines, y en el lado más cercano a la bañera, un perchero donde descansaba un albornoz que Silvia deseo estar a solas y ponerse tras el baño.
A su derecha, un acceso de no más de un metro, abierto y coronado también por un arco, daba paso a la zona sucia del baño, donde se encontraba en el lateral derecho un inodoro  y en el izquierdo un cesto alto y profundo, donde, según indicaciones del ama de llaves, podría ir dejando su ropa para lavar…



-         Estas son sus dependencias. Póngase cómoda. Como es muy tarde ya, haré que le suban una bandeja con algo de cena.
-         Mañana, será un nuevo día y podremos seguir visitando la casa, si para entonces… aún desea seguir con nosotros.
    Buenas noches. -Oyó decir al ama de llaves cuando se dirigía hacia la salida de aquellas habitaciones-.
-         Espere, por favor. Aún no me ha dicho su nombre… -solicitó la joven-.
-         Puede llamarme Rebeca. –oyó decir, mientras el ama de llaves desaparecía y la puerta de acceso a sus estancias, quedaba cerrada ante ella….

10 comentarios:

  1. ¡vaya, pues ya está dentro! la casa parece tremenda, y el ambiente promete misterio y emoción.. ¿cómo puedes dejarnos otra vez así? desde luego, esto de las novelas por entregas llega a tener su puntito de crueldad ;)

    besos,

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  2. Y bien, la protagonista ha entrado a casa, tendrá que mandar a traer sus libros y, todas luces, Rebeca no la ha hecho pasarla bien. ¿Y el misterioso contratante o patrón o jefe? Seguiré aguardando y siguiendo las entregas.
    Un gran abrazo.

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  3. MASLAMA,
    JULIO,
    Agradezco mucho que hayais leído esta segunda parte.
    No me gusta. Siento decepcionaros. Pero esta segunda parte no me gusta nada. La protagonista me dejó ver una historia hasta la llegada a la casa donde iba iniciar una nueva andadura, nunca sabré si de haber continuado escribiendo aquella primera tarde, esta muchacha me habría contado algo interesante.
    Seguí tu consejo, Julio, me senté e imaginé de nuevo aquella joven levantando el llamador de una puerta, pero lo que me ha contado en ésta parte no me gusta como lo he escrito. tal vez lo rehaga algún día si me animo a continuar la historia. Tal y como la he dejado creo que más valdría tirarla a la papelera.
    La he publicado para que seais partícipes de lo mala escritora que soy.

    Besos.

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  4. Mascab, estoy deseando que la sigas. Yo me he quedado con la miel en los labios y no me parece que esté mal en absoluto. Quiero saber que sucede esa noche, porqué el ama le dice esas palabras tan enimáticas.
    Un beso y continúa, por favor.

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  5. Hola Mascab, la verdad es que entro una vez empezada la historia y he de ponerme al día pues resulta interesante tu relato. Me impresionó el nivel de detalle que cultiva el texto, no hay nada que escape a tu mirada y facilitas que nos envuelva el escenario de forma generosa.
    Te felicito por ello y aquí estaré, disfrutando de tus magníficos relatos.

    Un fuerte abrazo.

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  6. ¿Has entrado alguna vez en una casa asi? lo parece, hablas de las cosas y de los objetos al minimo detalle, parece como si observaras una casa de muñecas, me gusta pero con un poco menos de detalle mejor, ¿quien es el dueño de la casa? y ¿para que la han contratado?. Escribe pronto otra entrega. Max

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  7. MERCHE MARIN,
    Para continuar, tendría que rehacer esta parte que me gusta tan poco. Gracias por tu ánimo, amiga.

    GABRIELA AMORÓS,
    Si, tiene demasiado detalle, ése es el punto que menos me gusta.
    Bienvenida a mi espacio, te recibo con los brazos abiertos.


    MAX,
    Como le he dicho a Gabriela, efectivamente, es lo que no me gusta de ésta parte. Me explayo demasiado con la paja y no voy al grano.

    Besos, guap@s!

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  8. Mascab,el texto está muy bien escrito,pienso que te has cansado,no has disfrutado escribiendo,porque,efectivamente los detalles de la casa nos los has mostrado detenidamente como una pantalla...Bueno,tú misma has aprendido a ser más ligera la próxima vez y como dices,ir al grano.
    Mi felicitación y mi abrazo siempre.
    M.Jesús

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  9. pues a mi me pareced fundamental los detalles, para que en las proximas entregas ya sepamos movernos por la casa y seamos capaces de reconocer las estancias...a mi si me ha gustado y en los muchos libros que he leido asi ha sido...lo que pasa que al ser por entregas se nota mucho mas estos detalles, ya que todo el capitulo a sido sobre ello, si fuera un libro completo nos hubiera pasado desapercibido....amiga no me dejes con la intriga....te quiero.
    un besazo

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  10. PEICH,
    son demasiados detalles, parece un guión de película más que un cuento escrito...

    Besos,amiga.

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