sábado, 30 de abril de 2011

SANGRE Y ARENA


 

 Ya estamos en las fiestas del 2 de mayo.
Comienzan las tardes taurinas en la Monumental de Las Ventas.
Aficionados deseosos de ver una gloriosa tarde de toros, se enroscan ante la entrada al histórico recinto circular.
No importa el calor, no importa el frío. Si miran al cielo es para lanzar una plegaria: “que no llueva. Que no suspendan la función”.

El graderío se va llenando de multitudes  que alegran la plaza,  con la primaveral  variedad de colores en sus vestimentas ligeras, cómodas en los hombres, estilosas, elegantes y espectaculares en algunas de las mujeres.
Los puros habanos entre los dedos y los labios de algunos hombres. Abanicos de colores airean los rostros de las damas que bajo sus sombreros y pamelas esperan ver lucirse al torero y, tal vez, ser las dueñas de una dedicatoria personal…
Las trompetas suenan, avisando que la función va a comenzar. Se abren puertas que dan paso a las cuadrillas de valientes, que se dirigen al centro del ruedo para saludar a todo el personal. Vestidos con goyescos  trajes de colores oscuros e hilos plateados que relucen al caminar, mientras suena un pasodoble y los aplausos del público hacen a la Plaza palpitar.
Organizados los valientes, suenan la llamada que abre la puerta de toriles, de donde un toro negro azabache corre hacia la soleada arena levantando sus manos al cielo, lanzando cornadas al aire y saliendo al paso del primer cuerpo que ve bailar.
 
 Hombre y toro se enfrentan quietos, en silencio miden sus fuerzas mirándose a los ojos… El hombre muestra su capote, el toro patea con una de sus manos la arena, es la señal que todos en silencio esperan.
Toro embisten, hombre esquiva con una media verónica, el capote revolotea empujado por pitones mientras desde las gradas, se oye en un todos a una: OOOOLÉ!
Hombre de espaldas al toro que le mira, animando con el grito de la afición:  hincha el pecho de valiente, sacudiendo la chaquetilla mientras camina por la arena con pasos de bailarín.
Toro entiende que el hombre se vanidece de un poderío que no le corresponde. Bravo embiste de nuevo contra la figura andante que presume ante él.


Hombre sin miedo se vuelve hacia el compañero de suertes, recto de cuerpo , los pies juntos pisando fuerte la arena, la cintura flexible sujetando el capote que de nuevo despista  al toro que no entiende la flojedad embestida con toda la fuerza de su nobleza.

Toro y hombre entrelazados en una danza de vida o muerte.
El aficionado aclama tanta bravura –del toro y del torero-,  mientras la música redobla sonidos de  júbilo y fiesta.

De repente suena un cambio de suertes, el silencio deja paso al hombre que cambió el capote por dos puyas abanderadas en colores rojo y gualda.
Hombre que busca al toro con los hombros levantados, mostrando las banderillas al toro que le mira.
Hombre y toro que se estudian para lanzarse uno contra otro. El baile termina con dos pinchos clavados en el toro bravo,  que salta deseando arrancarse el dolor que le hiere, mientras el hombre camina a su espalda recibiendo redobles de trompetas y aclamación de las gradas.

Toro que mira al hombre furioso contra él. Se siente engañado y dolido. Pero aún sus fuerzas no están domadas y enviste contra el hombre que estoque en mano de nuevo le quiere engañar

Pero no, esta vez no podrá. El animal es listo, aprendió que el bulto que se mueve ante sus ojos no es al que tiene que embestir. Ha de hacerlo contra aquel otro que parado, recto, se encuentra esperando timar.
Hombre que cae a la arena, empujado y pisoteado por el toro que con furia hiere a quien le hirió,  aprendiendo que aquél toro negro no ayudará a ser dominado fácilmente por su estoque.
Toro que no entiende de donde salieron tantos bultos al ruedo, ni tantos gritos desde las altas gradas, mientras embiste todos los capotes que le lanzan, hasta que de nuevo suena otro cambio de suertes
Hombres que se retiran del ruedo,  dando paso al caballo parapetado con fuertes faldones y un jinete de puya larga, dispuestos a picar al azabache toro hasta humillar su noble bravía.

Toro que recibe los clavos que de nuevo hieren dentro, esta vez,  hasta su honor de toro fuerte y bravo, que con los puyazos siente que sus fuerza se debilitan, haciendo más fuerte al rival que seguro y envalentonado, le mira desde el centro del ruedo, mientras aquél largo palo aprieta y se adentra en su columna y separa sus vértebras haciendo que sus patas pierdan la fuerza que sujeta su cuerpo.
Por una vez el toro siente que la grada está con él, que los abucheos van para quien desde el caballo le hiere sin piedad.
Hombre de luces advierte que el toro pierde fuerza y solicita un cambio de suertes para con estoque en mano, dar los pasos de la danza que les llevará al final de la batalla.
Toro liberado de la puya que furioso recorre el ruedo lanzando embestidas contra los bultos que le salen al paso, hasta que al final un solo bulto le espera centrado en la arena.
Hombre  y toro de nuevo enfrentados. Las gradas en silencio observan el ruedo.
Toro que corre deseoso de clavar sus cuernos en el bulto que le humilla.


Hombre que le espera y recibe con los volteos de su estoque mientras de nuevo la música suena a la par que un clamor de nuevo grita: OOOOLEEÉ!
Toro y hombre danzan juntos minutos de gloria que van escribiendo  quién de los dos disfrutará del triunfo final.
Toro tiene heridas que sangran, sus ojos se nublan, el cansancio le debilita.
 
Hombre que observa al noble toro humillado  y en su mirada lee una petición de clemencia.

Toro que se lanza contra torero en un embiste final, donde siente que algo ardiente entra por su cuello y clava en su corazón, haciendo que sus patas se dobles y su fuerte cuerpo caiga vencido al ruedo, sin entender por qué gritan olé! desde las gradas...

... ni por qué aquél rival más débil voltea su cuerpo con el brazo en alto y la montera en mano, recibiendo una ovación final mientras la música de nuevo suena a lo lejos y el ya… solo ve oscuridad, mientras un último latido retumba en sus oídos que nada, escuchan ya.

Una última ráfaga de luz en su mente, le deja ver una imagen de sí mismo, libre y noble. Olfateando las flores silvestres que nacen cada primavera en su amada y tranquila Dehesa…

El toro bravo es mi símbolo –como buena tauro que soy-, ejerce sobre mí como el poder de un “Totem”, así lo he sentido desde siempre.
Me gusta salvaguardar las tradiciones culturales de mi Noble País. Pero no impide que me rebele contra todo daño que en el nombre de la tradición, se le haga a ningún ser vivo. Hemos evolucionado hacia un mundo más humano y consecuente con el medio natural. Esto es lo que debemos priorizar.
Me gusta ver a un valiente hombre enfrentarse al Toro bravo. Incluso puedo justificar que lo haga con una espada en la mano, puesto que el toro tiene cuernos y mucha más fuerza que el torero.
Me gusta ver y sentir el ambiente festivo de la plaza. Me gusta ver danzar al hombre y al Toro, unas Buenas Chicuelinas y Verónicas.
Pero… DETESTO ver sufrir al toro con banderillas y puyazos.
Incluso reniego, de que sea sacrificado en el ruedo, ante la mirada obscena del sanguinario graderío.

  Imágenes Localizadas en Internet

9 comentarios:

  1. esta asturiana piensa lo mismo que tu princesa, me gustaría que fuera como en Portugal que no se da muerte al toro, pero bueno esto es una deuda pendiente más que tiene la humanidad con el genero animal, que a veces pregunto ¿quien es el animal en este planeta ? , un besin muy muy grande de esta amiga asturiana admiradora de tus letras.

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  2. Es mi primera visita a tu blog y lamento no comentarte sobre el tema del escrito que has puesto, porque no me gustan las corridas de toro, pero a ver...
    No comentaré en el fondo, pero si, en la forma, me gusta tu manera de escribir, suelta, libre y desenfadada, me encantó lo que pusiste al inicio del blog, soy una chica de 54 así que soy de las "tuyas", jajajajaj
    Besitos en el alma
    Scarlet2807

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  3. Ozna, estoy contigo, amiga. Como he dicho en el post, me gusta que se mantenga la crianza de la raza del toro bravo, pero odio lo que hacen con él en la plaza.

    Besos, guapa!

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  4. Scarlet, siento que la primera entrada que lees, no se de tu gusto. No obstante como digo en el post, a mí, tampoco me gusta lo que se hace con el toro, precisamente es de lo que RENIEGO.

    Bienvenida a mi espacio, visitáme cuando gustes y espero que disfrutes en esta casa donde te recibo con los brazos abiertos.

    Un beso, guapa!!

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  5. No puedo estar más de acuerdo. Es una salvajada lo que se hace para devilitar al toro y dejarlo listo para que el torero pueda lucirse. Me parece un espectáculo muy cruento y sanguinario en el que el animal es torturado hasta decir basta antes de darle la estocada de gracia.

    Un abrazo, amiga.

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  6. Fayna, me alegra saberte así.

    Gracias por tu visita, guapa!

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  7. A mi tampoco me gustan los toros, pero quiero dejar una pregunta en el aire; ¿Creeis que si no hubiera corridas de toros, estos ivan a llevar una vida de reyes en las dehesas? ¿Acaso no serían para carne y vivirían mas tiempo pero acinados en granjas?. Que preferis una corta vida llena de placeres y en libertad o una larga vida encerrado para terminar como todos en el matadero. Pienso y escribo a la vez, igual estoy equivicado. Max

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  8. Anónimo2/5/11 21:47

    amiga, esta vez siento decirte que pienso diferente a ti....me encantan los toros y su fiesta, y estoy de acuerdo con max, sin la fiesta de los toros, el toro seria una especie a extinguir...los toros no pueden ser lidiados nada mas que una vez, porque si no, serian un peligro para el torero, quien criaria una raza simplemente para tenerla en el campo???? nadie.
    ademas, la carne de toro despues nos sirve para alimentarnos tambien.
    se de buena tinta que a los toros que van a las plazas son criados a cuerpo de rey...
    un besito.
    peich

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  9. Max / Peich, vamos por partes. Me gustan los toros es mi símbolo de porte y carácter.

    Me gustan la feria y ver como el torero le hace unas chicuelinas o verónicas al toro.

    Me decis que si no fuera por la feria, no se les trataría igual de bien en las dehesas -Max- y que la raza llegaría a extinguirse...

    Pero si yo no pido que se supriman las corridas! pero creo que se podrían hacer de otro modo. Peich, ya sé que una vez lidiado no se puede volver a torear pero...hay otras formas.

    Estoy de acuerdo en que el torero lleve una espada -el toro tiene cuernos-, pero reniego de las banderillas, es vistoso ver la suertes de banderilla, entonces, para que no se supriman, que sean como las de los actores, sin dañar al toro. También estoy a favor de eliminar las puyas. Esto si que lo quitaría de un plumazo. Ni es atractivo, ni hay por qué salvarlo.

    En cuanto a la muerte del toro en la plaza, también me niego. Que el torero haga también una simulación -si quiere seguir luciendose-, como con las banderillas y que a continuación se dirijan al toro al matadero, para ser tratado como cualquier otra res.

    Si hemos evolucionado ¿Por qué seguimos manteniendo estos sacrificios públicos?
    Me recuerdan a los gladiadores en roma: Sangre y Arena/Vida o Muerte.

    Y yo apuesto por la vida, pero si hay que morir, que la muerte no sirva para diversión de nadie.

    Besos, amigos!

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...Y ahora dime, ¿qué opinas tú?