viernes, 14 de enero de 2011

UNA ADOLESCENCIA MOTERA



Esto de tener un blog está siendo para mí muy grato. No solo porque al escribir mis sentimientos, descubro mi realidad y canalizo mis frustraciones para que mis emociones fluyan con serena tranquilidad…

He descubierto que hay quien me lee y me sigue diariamente…

Tal vez porque al leer mis sentimientos, reflexiones o vivencias, se sientan un poco idenficad@s con todo ello, o quizá porque, como me dicen algunas personas cercanas, les he descubierto una parte de mí que desconocían y ahora “casi” admiran -porque me quieren mucho, claro- unos y, sirve de risas y mofas entre otros…

Creo que me lee toda la parte familiar que tiene acceso a un ordenador, hijas, hermanos, cuñadas, primos… falta que lo haga mi chico. Se que está orgulloso de mí, pero creo que teme leerme.

Hasta ahora os he contado poco de él, salvo el hecho de que llevamos juntos 34 años, casados 27. Tenemos dos hijas maravillosas que ya son adultas, las hemos criado con todo el amor que sentíamos cuando las concebimos, hemos disfrutado enormemente de ellas y de la familia que hemos formado. Llevamos unos 3-4 años, sintiendo que ésta familia de 4 miembros más nuestra perrita Lulú, está desarrollando poco a poco, grandes cambios. Las niñas son mujeres, la perrita ha envejecido con un humor de poca empatía a todo lo que es de fuera de casa. Y nosotros volvemos a ser pareja. Volvemos a ser dos personas que necesitan reinventarse porque el proyecto familiar, de momento –hasta que las chicas formen sus respectivas familias y vínculos emocionales- se encuentra estancado.




Con todo esto, el tiempo que por las tardes y los fines de semana dedicábamos a las chicas, se nos ha quedado vacante. Y es ahí, donde vamos incorporando nuevos retos…

El más sonado para todos: La moto.

El que de pronto nos subiéramos en un vehículo de dos ruedas a “nuestra edad”, nosotros que siempre hemos sido “tan sensatos”…

Pero así es la vida… llegas a esta edad y te preguntas ¿qué es aquello que siempre soñé y que siempre dejé para más adelante?  Pues éste es el momento.

No lo hicimos los dos solos, no. En la misma época otra pareja de amigos que están en la misma trayectoria que nosotros –Male y Max-, también buscaban nuevos alicientes.

Mi chico se compró una moto. Pequeña para comenzar –no él, que por su trabajo ha estado subido en una de las grandes muchos años-, sino para que yo fuese tomando confianza y aprendiendo a ir de “paquete”. Así, apareció un día con una Yamaha Diversion  600, de color verde, comprada a un compañero que había cambiado a otra…

No olvidaré el comentario de mi hermano pequeño “pero… y esta adolescencia de casi cincuenta años que os ha entrado?”
Si. Adolescencia madurativa. Eso es. En la edad en que otros hombres cambian a sus mujeres por otras más jóvenes, quizá menos reflexivas y supuestamente más dinámicas, mi chico se compró una moto. Y contestó a mi hermano “es que ha llegado el momento de ponernos algo nuevo y vigoroso entre las piernas”  (¿¿??) anoté el dato, por supuesto.

Aprovechamos los días más largos de aquella primavera 2006, para junto a Male y Max –quien también se compró casi a la vez una Kawasaki- salir todas las tardes tras el trabajo, a realizar pequeñas rutas instructivas-moteras, para Male y para mí.
Salida en grupo grande

Una tarde al Pardo, otra a Galapagar, El Escorial, Chinchón…

Los fines de semana, hacíamos rutas largas con otros amigos del grupo que ya tenían moto de siempre –Ruth y Chems, de más tiempo que nosotros, Masel y Manu-.
Ávila, Segovia, la Sierra Norte, Gredos, El Jerte… comenzamos a llenar nuestros días de kilómetros sobre dos ruedas y de sensaciones únicas….



Al principio tuve miedo a que los coches se acercaran demasiado, a no saber ir quieta sin moverme mucho, a no saber dónde poner las manos… Pero nunca a que mi chico no me supiese guiar. El es un experto, a veces, me abrazaba la pierna o me pedía que me acercara más a él para asegurarse de que yo iba bien.
Estaba bien… poco a poco, aquello fue gustándome mucho, tanto que comencé a organizar salidas de fin de semana cada vez que podíamos coincidir las cuatro parejas…
Por tierras de Zaragoza y Huesca "Los Mayos"

La Diversion” duró poco, solo unos meses. Lo que tardamos en comprobar que aquello era nuestro hobby preferido… Y mi chico se compró una RT , una señora moto de BMW, con un buen asiento, para que su chica fuese como una reina sobre dos ruedas…

                     

Estas fotos y las de arriba, la hago desde "mi trono"

Aquél verano 2007, hicimos nuestro primer viaje sobre dos ruedas. Male y Max, Ruth y Chems y nosotros. Masel y Manu, en principio iban a venir pero al final no pudieron acompañarnos en aquella ocasión.
Entre todos eligieron que fuese yo, quien trazase la ruta y el destino… y lo hice aquella vez y todas las demás, desde entonces, me denominan “el tom-tom del club”. A mi chico, le “nombraron” presidente del autoproclamado club “las tortugas”, porque debido a mi poco gusto por traspasar los 120 Km./h, obligo a que todos vayamos, según ellos, como tortugas moteras.
                                              
Cañón Río Lobo "vista desde la gruta"                   En Logroño, dispuestos a seguir ruta
Aquél agosto, viajamos cuatro días por tierras de Soria y Logroño, recorrimos el Cañón del río Lobo, disfrutamos llegando allí en moto y realizando a pie una senda hasta una Ermita templaria y milenaria, avistando a las parejas de buitres… la laguna Negra, subiendo hasta ella también a pie, recordando las leyendas de Becquer…
Subimos y bajamos puertos verdes, también atravesamos algunas tierras yermas, en mi mente los versos de Machado “La tierra de Alvargonzález” su época en Soria.

En Santo Domingo de la Calzada, hablamos de organizar algún día el camino de Santiago –realizado recientemente, del 17 al 22 de diciembre pasado-. Tomamos tapas y vinos en la calle Laurel de Logroño… Tomamos café en la plaza mayor de Soria... Descubrimos todo un mundo de sensaciones para mí hasta entonces desconocidas…
Desde las alturas y sobre dos ruedas, la sensación de libertad es única

 La vista “casi de pájaro” que se tiene sobre dos ruedas en un alto de montaña con el precipicio al lado y el valle en el lejano horizonte… Los brazos extendido en ocasiones de velocidad baja, sintiendo el aire pasar por los agujeritos de la chaqueta motera de verano, los pies descolgados de los estribos para sentir entre los muslos el rugir de la máquina… cerrar los ojos, creer que no hay nada más maravilloso que sentir todo aquello con mi chico delante. Abrazarme a él todo lo permitido por los cascos y dejar que mis manos jueguen entre su tórax, su cintura, mientras que él extiende su brazo izquierdo hacia atrás, abarcando hasta donde puede mi muslo, y en ocasiones, diciéndome un “Te quiero”…

Es único, algo que nadie debería dejar de probar jamás… Es tan grande la sensación que con el relax  de ésa tranquilidad que recepcionan mis sentidos, me quedo dormida… hasta que mi chico, me golpea en la pierna y me tira del brazo para que me pegue a él, para de éste modo, controlar que no me vaya a caer...

Y no me he caído, en 2008 el viaje de verano fue por tierras de Salamanca y Extremadura. En 2009, viajamos al norte, Zaragoza, Huesca, Vitoria, Burgos. Hermosas tierras, altos Montes, bellos lugares… En 2010 se programó ir por tierras de Cuenca y Teruel, pero un imprevisto nos echó todo por la borda. Tenemos en mente ir a Lisboa este verano, si no podemos todos, al menos lo haremos con nuestros amigos, Male y Max.

Hemos tenido alguna salida en grupo grande, con otros moteros, pero no me ha gustado la experiencia. Van muy deprisa, no disfrutan del paisaje, existe mucho jaleo en las comidas… Prefiero las salidas con mi grupo y en ocasiones, algún que otro agregado, siempre bienvenido. A nuestros chicos, les gustaría ir algún año a “Pingüinos”, pero de ser así, no se si yo los acompañaría, las multitudes y el frío me escaman la piel…

Esta es nuestra "adolescencia de la vejez", como dice mi amiga Pamela -que no se atreve mucho a subirse a la "scooter" de Andy-, y que además es más virulenta que la adolescencia de los 15 años; porque en realidad somos más rebeldes y además, por suerte, porque somos adultos o, porque nos lo hemos “currado”, llevamos una visa oro en el bolsillo.

                   
 Un hobby, para compartir con los amigos.

Un sueño que llega con  la edad madura, juntos, siempre reinventando nuevos proyectos para realizar tras haber superado algunas crisis, que como en todas las parejas de larga duración, atravesamos en algunos momentos y avanzamos…porque sobre todo hay  mucho, mucho amor.

4 comentarios:

  1. GUAAAUUUUU
    Me pones los pelos de punta,,,yo quiero eso, yo quiero seguir sintiendo todo eso con tu edad y ahora y siempre....
    Y de vejez nada que los cincuenta son nada, para mi vejez ronda de 70 para adelante y depende de como se sienta uno por dentro...
    Es una pasada tu entrada y te mando un abrazo enorme desde TIERRAS ALICANTINAS...

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  2. Enganchada a tu comentario vengo a visitarte y me encuentro que las motos andan "pegando fuerte".
    Suena estupendo, y eso de la adolescencia, gracias que pasó ¿verdad?

    Un saludo

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  3. Gracias a vosotras por visitarme.

    MEME la entrada, como te he dicho en algún comentario en tu blog, va por tí. Tú entrada de "las dos ruedas impuestas" me hizo sentir que debía contarte mi experiencia para animarte. A veces parece que nos aprietan demasiado y que nos asfixiamos entre tanta rutina y tantos pagos y tantas carencias... pero como te digo en mi entrada, hay que reinventarse siempre, si vemos que un círculo se cierra hay que dejar que el otro se abra y adentrarnos en él pisando fuerte, haciéndonos las dueñas...Te deseo mucha felicidad en tu nueva moto. Con todos esos sentimientos dormidos y que te ha despertado ya vale el precio de la misma.
    PILAR
    Bienvenida a mi espacio. Te recibo con los brazos abiertos, eres toda una maestra. Tu blog es interesantísimo y está organizado de una manera muy atractiva.
    Si, la adolescencia es un momento de incertidumbres -quizá por eso se parece algo a nuestra edad actual, pero nada más-, donde los jóvenes lo pasan muy mal y los padres creo que "casi" peor. Suerte que pasó, sobre todo la de mis hijas, porque de la mía ya casi no me acuerdo. Pero ¿verdad que no éramos tan irascibles como las generaciones posteriores?.

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  4. Que bien lo hemos pasado, y sobre todo lo que nos queda por pasar, kilometros y kilometros en la carretera disfrutando de cada metro de cada dia de cada paisaje y sobre todo disfrutar de lo que mas me gusta, la compañia de mis amigos.
    La excursion de 2010 no pudo fraguar asi es que para este 2011 no podemos dejar que pase. Recuerdo las primeras salidas(incluso de diario) no importaba que fuera invierno, medianamente equipados nos aventurabamos a las excursiones sin nigun tipo de pereza. No debemos aburguesarnos y echarnos a la carretera para disfrutar de todo lo que sabiamente has relatado. Max

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