viernes, 29 de octubre de 2010

La Moda y Nosotras

Ayer estuve de tiendas. Comprobé cómo cambia la moda en función de la economía social.
En los 60, con el desarrollo industrial en pleno apogeo, recuerdo a mis tías peleando con mis abuelos porque las faldas se acortaron,  los escotes se alargaron dejando que cada una mostrasen sin enseñar, pero con mucho placer el pecho. Los tejidos para realizar el vestuario femenino se suavizó consiguiendo telas muchos más livianas como consecuencia de los géneros sintéticos. Éstas texturas no permiten muchos lavados/planchados, por lo que el cambio de prenda cada una o dos temporadas como mucho ha sido el detonante en nuestras vidas desde entonces. No podemos olvidarnos de los tacones, de unos 6-7 cm., de aguja y de punteras estrechas para hacer un pie “recogidito, mono y súper cursis”. Los peinados eran elaboradísimos. Cardados, enrulados. Y con elegantísimos moños italianos.
              
Cómo me gustaba subirme a los tacones de mis tías, andar por los pasillos guardando el equilibrio hasta que me gritaban que se los iba a romper, colgarme sus bolsos y utilizar sus cosméticos!
      

            En lo 70 con una de las crisis mundiales más importantes (Vietnam en el primer lustro, el petróleo a finales de la década), valía el “haz lo que puedas” de las tendencias hippies: descalzos, camisas con mangas arrancadas, desabrochadas, faldas largas, cortas, pelos alborotados, trenzados, pantalones anchos, estrechos y cada vez más plástico en el vestuario conforme avanzaban los años.
Eso sí, los modistos  en su ánimo de seguir luciéndose en las pasarelas. Y sus tendencias inspiradas en la moda hippy nos llenaron los armarios con faldas “midi”  y “máxi”, rústicas botas altas en invierno cubiertas hasta media pantorrilla por las faldas. Tacones anchos con cuadradas plataformas que ahora solo usan las Drag Queen.

     


     
Pantalones de lana fuertes, para que aguantaran varias temporadas… ¿Os acordáis cómo picaban en las piernas?, insufribles de verdad. Y nuestras madres sin querer comprarnos aquellos Levis 501/ Wargler /Lois tan maravillosos que lucían algunas de nuestras amigas en el instituto mientras esperábamos poder comprar con nuestros primeros ingresos en trabajos de verano y vacaciones… Qué tiempos! Ah, aquellos maravillosos años…!
En los 80, la moda se hizo insufrible, hortera hasta decir basta en el primer lustro, de cortes asimétricos y/o geometrías llenas de aristas marciales, hombreras exageradas, pelos voluminosos, quemados de líquidos permanentes para imitar rizos que bien parecían churros, o quemados con planchas que les daban formas eléctricas… largos de falda cada vez más cortos de diseños ceñidos al cuerpo, demostrando claramente nuestras “armas de mujer”, ¿recordáis a Melanie Griffith en la película del mismo nombre?. Por supuesto que también se estilaban faldas pantalón de gran volumen y largo hasta media pierna como las que llegó a usar nuestro querido Miguel Bosé…
Recuerdo que la tendencia en zapatos nos mostraba un renovado tacón aguja, con más altura que los de 2 décadas anteriores, mezclado con tacones anchos y fuertes para sujetar bien a la mujer cosmopolita y urbana en que nos íbamos convirtiendo, aquella SúperWoman de la que hablaré en otra entrada, que trabajaba, llevaba una casa y un marido y por aquél entonces se planteaba ser madre sin renunciar a ser mujer, es decir, nuestra generación.

                 


         En la década de los 90, poco a poco, despacito; los modistos volvieron a la elegancia de los 60, muchos más renovados con mucha inspiración, pero sabedores de que la mujeres de ambas épocas eran muy, pero que muy distintas. Hacía mucho tiempo que habíamos abandonado el ser sumisas, lo cambiamos por gritos de  aquel: “Yo, no soy una mujer florero”, comenzamos a tener hijos y durante un tiempo usar más zapato plano y menos tacón, que por entonces, al principio de la década la mayoría de los diseños eran gruesos y de unos 6 cm. de alto. Abandonamos también las faldas y vestidos ceñidos y/o cortos, reservándolos para aquellos momentos especiales que con los niños eran muy escasos y distantes. Cambiamos la indumentaria por  vaqueros flojos de cadera y muslos, resistentes a los juegos de pelota, deslizadas por toboganes, volteretas en el parque…, y que además, por supuesto, fueran lo suficiente elegantes combinándolos con otras prendas y accesorios, como para asistir a la oficina con ellos, recibir a clientes, comer con el jefe, recoger a los niñ@s de la guarde, realizar las actividades mencionadas con ellos, regresar a casa y continuar con baños, cenas, etc, con tan solo un gesto: cambiar zapatos por zapatillas, colgar el bolso y el trench en el perchero y atarnos en una cola de caballo nuestra mechada melena de color rubio nacional…
Mientras, mirábamos los escaparates con envidia y deseos ¿Cuándo volveríamos a ponernos aquellos preciosos zapatos, trajes pantalón, faldas, vestidos, abrigos…? ¿cuándo volveríamos a sentirnos súper femeninas asistiendo a nuestro trabajo como recién salidas del estilista? Y sobre todo… ¿cuándo volveríamos, por Dios!, a recuperar nuestra silueta y sentir miradas de admiración (hombres)/envidia (resto mujeres), por la calle? Pero tampoco nos preocupaba mucho. Éramos “las reinas” entre nuestros hij@s y sus risas y felicidad al estar juntos valía más que el mejor de los terrenales reinos.

       

       

En la década que termina 2000-2010. Hemos tenido de todo. Con nuestra recuperada figura hemos iniciado la etapa con unos espléndidos 40 años y la finalizamos con unos magníficos 50. Hemos usado minifaldas, maxifaldas, pantalones anchos (de nuevo), estrechos (también de nuevo), los tacones altos han sido de aguja, anchos, con cuñas, con plataformas a las que los estilistas han llamado “peep-toes”, teniendo como mejor embajadora a la princesa de Asturias, Letizia Ortíz. Hemos procurado mejorar nuestro cabello, comenzado a usar cosméticos más específicos e innovadores, perfumes más caros, grandes y estilosos bolsos… Hemos recuperado nuestra esencia, ya liberadas de nuestros bebés, hemos lidiado la adolescencia de nuestros hij@s , con momentos de desear que el mundo se parara un segundo, el necesario para bajarnos de él. Pero no, no, no. Nada de eso, hemos retrocedido si, pero solo para tomar impulso. Y aquí estamos, siguiendo la moda… que a finales de ésta década (invierno de 2010), nos muestra una tendencia mega-austera, ausencia de tacones o tacones fuertes, anchos, resistentes; con largos muy largos en faldas y vestidos, con escotes muy cerrados, con tejidos fuertes. Éste invierno 10-11, los estilistas (conocedores como todos, de la grave crisis mundial que padecemos), saben que las mujeres que podamos comprar alguna prenda, somos afortunadas ésta temporada, pero que tal vez, aquello que adquiramos, nos haya de durar muchos, muchos años…

         
 
    

jueves, 28 de octubre de 2010

La Intensidad del SOL

Octubre termina regalándonos unos últimos rayos de sol, intentando calentar nuestra alma para que soportemos mejor el laborioso invierno que nos aguarda.

Noviembre entrará con tempranos atardeceres que se irán enfriando con el transcurrir de sus días.

El final de nuestra jornada laboral seguirá siendo a la misma hora,  pero la salida del trabajo será más oscura, el sol ya no brillará con la misma intensidad y…

Ya no tendremos tiempo de pasear a la luz del día  por el parque con nuestras hij@s, niet@s, mascotas, pareja…

Habrá que cambiar la rutina; Parque: por Polideportivo o en algunos casos, por Centro Comercial. Cualquier cosa que nos permita relacionarnos con los seres que más queremos, demostrándoles nuestro interés y disfrutando de ellos antes de las rutinas diarias: deberes escolares, baños, cenas, y por fin el merecido descanso…

Pero no agobiarse, porque el invierno también pasará y el sol de nuevo BRILLARÁ….

miércoles, 27 de octubre de 2010

ESTADOS DE ÁNIMO

Ya no hay más primaveras…
El otoño amarillea mi piel,
de colores ocres mi vida.

Ya no hay más primaveras…
El verano pasó efímero, hastiado
de sabores amargos, vacío.

Ya no hay más primaveras…
Un cielo gris oculta mi sol,
la lluvia helada moja mi acera.

Ya no hay más primaveras…
Tan sólo el invierno oscuro me espera.

martes, 26 de octubre de 2010

La chica de ayer

Espero impaciente a mi pequeña ante la puerta de salida: “Vamos hija o llegarás tarde”.
Mientras espero veo de reojo a la mujer del  espejo que un día se me ocurrió colgar en el hall. Viste tejanos ajustados y sueter de punto en color marino. Calza unos salones también tejanos con tacón de aguja; en su mano izquierda cuelga un bolso de piel azul y para no sufrir el frío mañanero viste un trench en color hueso sobre los hombros. En la mano derecha porta las llaves del  utilitario rojo que espera en el garaje. Su larga melena rubia se apoya sobre los hombros cayendo a ambos lados de la cara. Un leve maquillaje en los ojos resalta su mirada de color miel… La miro y digo: “Nena, tú vales mucho”.
Hoy es un día cualquiera. Suena el despertador a las 7:45, salto de la cama y toco la frente de mi niña, comprobando que no tiene fiebre y animándola a levantarse rápido, desayunar y tomarse la medicina antes de salir de casa.
En el baño, el espejo me lanza la imagen de una mujer madura, con los ojos hinchados y el pelo revuelto. Miro mis ojos y en su profundidad , sigo viendo a la joven que siempre fui  y le pregunto: “¿dónde estás?, necesito que salgas y te muestres, que ilumines la imagen de ésta mujer que ahora  soy”
Mi niña, una joven de 19 años alta espigada, morenaza con un tipazo de ésos de quitar el hipo, vestida también con tejanos y sudadera marino, pero calzando deportivas blancas y portando una mochila repleta de libros y apuntes me dice: “Cada día estas más obsesionada con el espejo, con los kilos y con las arrugas. ¡Que tienes cincuenta años y el cuerpo aún joven!, ¿qué más quieres?”
¡Pues eso!, quiero ser una mujer madura, no vieja, sino actual. No quiero ocultar las marcas del paso del tiempo, pero tampoco abandonarme a él, ni morir en el intento…
… y el espejo a veces, algunas veces… es muy cruel.

miércoles, 20 de octubre de 2010

AMIGAS

Amistad es sentarse a la orilla de la vida y sentir tu mano sujetando la mía…

Decir amiga es oir risas en el Retiro una mañana dominical.
Decir amiga es dejar que las lágrimas corran por mis mejillas por tu ausencia.  
Decir amiga es sentir tu mano sobre la mía, con lo ojos ciegos de tu presencia.
Decir amiga es añorar abrazos en días inciertos.
Decir amiga es compartir la vida en la distancia que nos aleja.
Decir amiga es llorar  juntas en horas de tormenta.

Decir amiga es Mover fotos y sentirte cerca.
Decir amiga es Añorar tu risa en mi felicidad.
Decir amiga es Recordar emociones contigo cerca, muy cerca.
Decir amiga es Intentar mover los muros que nos separan.
Decir amiga es Planificar encuentros.
Decir amiga es Alegrar el corazón con el sonido de una canción olvidada.
Decir amiga es Zanjar dudas y abrazarnos el alma.

martes, 19 de octubre de 2010

RABIA

¿Qué podemos hacer cuando la rabia se apodera de nosotros y sentimos enormes deseos de lanzar a los demás nuestra cólera?
¿Debemos reprimir, como así nos han enseñado, nuestra ira para luego más tarde cuando los nervios se han calmado hablar de nuestro enojo con quienes lo han provocado?
O lo que es lo mismo, ¿poner la otra mejilla y no enfrentarnos a la violencia con violencia, porque entonces dejaremos de ser racionales?

Posiblemente nuestros maestros estén en lo cierto.
Sin embargo, estoy convencida de que cada vez que reprimimos nuestro enfado sin dejar que éste fluya, se enquista en los recovecos de nuestra alma y a veces, cuando la ira se ha calmado y optamos por no hablarlo dejando que el tiempo se encargue de todo, a veces, muchas veces, aquella rabia consigue revolverse en  nuestro estómago, arder en el esófago, anudarse en nuestra garganta y salir por nuestros ojos, consiguiendo que, “lloremos cuando nadie nos ve”.

viernes, 15 de octubre de 2010

¿Busco persona de servicio o me pongo a servir?

Que buenas son las semanas de 3 días. Deberían ser así todas.

Tengo necesidad de hacer algo más que trabajar, volver a casa... seguir trabajando, discutir con quienes más quiero, volver al trabajo.....

No sé, algo tengo que encontrar... un curso de historia, aprender inglés para no tener que hablarlo como los indios, un curso de terapia emocinal... o simplemente un trabajo de 18 a 21 horas.

De éste modo no tendría que entrar en la monotonía de discutir porque nadie ha movido un palo al agua en casa (me encuentro todo por medio, la cocina sin recoger, las habitaciones como un mercadillo de barrio), y tengo que hacerlo yo o sucumbir en el hastío.

Pensando, pensando... creo que evitaría estos conflictos trabajando más y contratando a alguien que me ayude en casa. De éste modo no discutiría con nadie, y todo sería paz y armonía a mi regreso. Así solo tendría que hablar con mis hijas de sus preocupaciones y de las mías, de sus ilusiones y de las mías, etc. Y con mi marido... en fín, él seguro que se mosquearía al no tenerme para él solo durante toda la tarde... Pero serían los "daños colaterales".

En fín, ¿qué creeis que debería hacer? ¿buscar persona de servicio o ponerme a servir? cómo bien dice mi abuela, ya que mi economía, como la de casi todos, es muy ajustadita.




martes, 12 de octubre de 2010

Puente entre fiestas en Madrid

Finaliza el puente de octubre en Madrid. No ha ocurrido nada especial salvo los cuatro días seguidos sin trabajar.
Durante la semana anterior había muchos planes para realizar en éstos días. Viajar al pueblo de los amigos en La Mancha, acercarnos a San Pedro y pasear por el mar... Pero al final la pereza y la desgana pudo con nosotros. Y aquí estamos, cada uno ante nuestro portátil sin nada mejor que hacer salvo descansar antes de volver mañana a la rutina.
Acabo de terminar una novela de intriga, simplona, sin nada que aportar salvo el entretenimiento de las 4 horas que me ha llevado leer las trescientas dieciseis páginas. Es una de los tres libros que me dejó mi amiga RMari, la semana pasada. Con el que acabo de nombrar he finalizado dos de ellos,del otro hablaba de que los hijos son nuestro reflejo... Me ha hecho pensar... ¿será verdad?
Dice la autora que la personalidad de nuestros hijos se forja en función de los cuidados que les damos y que aunque queremos por igual a cada uno de ellos, no les protegemos en la misma medida. Que siempre detectamos quién necesita más de nuestros mimos y quién se vale bien sin nuestra ayuda. No sé si será verdad, los cierto es que me ha dado mucho que analizar ¿he protegido más a mi hija pequeña que a la mayor? ¿la he visto siempre más cerca del peligro? Creo que no, o tal vez sí. Mi certeza es que he intentado ser una madre protectora pero dándoles el margen necesario para crear su propio espacio, para que fuesen independientes. Aunque la mayoría de la veces las haya acosado con mis miedos e inseguridades, pero ¿qué madre de hoy en día no siente pánico cuando sus hij@s salen a divertirse de noche, o cuando se despiertan de madrugada y observan que aún no han vuelto a casa?
Yo intento pensar en positivo... que se lo estan pasando bien, que son jóvenes y lo que no se hace con 20 años es más dificil hacerlo con 40... que por la mañana van a estar en casa contándome lo divertidos que estuvieron con los amigos... Lo hago por aquello de enviárles energía positiva y todas esas cosas que una lee... pero en realidad, estoy muerta de miedo por la inseguiradad que existe en las calles de Madrid.
Es un libro de los denominados "autoayuda", pero solo me ha servido para que tras analizar mis actos, piense que tal vez necesito poner en orden mis ideas, pensamientos y sentimientos para acabar con mis miedos e inseguridades, al fin y al cabo, ya va siendo hora y voy teniéndo edad...